NOTA : He dividido este capítulo en dos partes debido a su extensión y para facilitar su lectura, ya de por sí complicada. Los siguientes capítulos, os adelanto, serán menos extensos. Prometido.
14 de octubre de 2010. Jueves. Pues al final nada de jornada lectiva, nada de clases. Hicimos la mudanza y algunos trámites de última hora. No terminan nunca. Pero ya por fin hemos dormido en nuestra casa. Dos habitaciones, un salón con TV para poner la Play Station 2, un baño y una cocina que contacta con el salón a través de una ventana. Ochenta y cinco metros cuadrados brutales. Me da la sensación de que aquí vamos a estar muy a gusto, la verdad.
Al poco de llegar me puse a deshacer las maletas, ya por fin sabiendo que iba a ser de forma definitiva. Dejé para otro momento el tema de decorar mi habitación (elegí yo primero la mía) con todo lo que me he traído de Madrid. Tengo que comprar ciertas cosas para no agujerear las paredes, por si las moscas. Pero, en cuanto pueda, me pondré a colgar y a colocar todo, pues lo tengo casi todo pensado en mi cabeza. Soy un tipo que planifica sobre la marcha, ya lo sabéis.
Lo más gracioso de este día fue comprobar que no nos habían dejado sábanas ni nada parecido en las camas. Solo colchones. Ciclao sacó a relucir una elegante toalla de playa para salir del paso y yo, que mis toallas son pequeñas y no tenía nada que diera la talla, tiré de un mantel que había por la casa. Y oye, os digo que daba el pego, amigos.
Otra buena noticia de este día fue que nos informaron de que habían ampliado el cupo de alumnos para el curso de portugués. Lo único que había que hacer era ir al día siguiente a clase para apuntarse definitivamente. El incoveniente, que siempre lo hay, es que la clase era a las 9:00 H. Ya veis, al final hemos venido hasta aquí para madrugar y todo. Así que, Ciclao con su elegante toalla de playa y yo con mi mantel reconvertido en sábana, nos fuimos a dormir, que al día siguiente empezaba la acción.
14 de octubre de 2010. Jueves. Pues al final nada de jornada lectiva, nada de clases. Hicimos la mudanza y algunos trámites de última hora. No terminan nunca. Pero ya por fin hemos dormido en nuestra casa. Dos habitaciones, un salón con TV para poner la Play Station 2, un baño y una cocina que contacta con el salón a través de una ventana. Ochenta y cinco metros cuadrados brutales. Me da la sensación de que aquí vamos a estar muy a gusto, la verdad.
Al poco de llegar me puse a deshacer las maletas, ya por fin sabiendo que iba a ser de forma definitiva. Dejé para otro momento el tema de decorar mi habitación (elegí yo primero la mía) con todo lo que me he traído de Madrid. Tengo que comprar ciertas cosas para no agujerear las paredes, por si las moscas. Pero, en cuanto pueda, me pondré a colgar y a colocar todo, pues lo tengo casi todo pensado en mi cabeza. Soy un tipo que planifica sobre la marcha, ya lo sabéis.
Lo más gracioso de este día fue comprobar que no nos habían dejado sábanas ni nada parecido en las camas. Solo colchones. Ciclao sacó a relucir una elegante toalla de playa para salir del paso y yo, que mis toallas son pequeñas y no tenía nada que diera la talla, tiré de un mantel que había por la casa. Y oye, os digo que daba el pego, amigos.
Otra buena noticia de este día fue que nos informaron de que habían ampliado el cupo de alumnos para el curso de portugués. Lo único que había que hacer era ir al día siguiente a clase para apuntarse definitivamente. El incoveniente, que siempre lo hay, es que la clase era a las 9:00 H. Ya veis, al final hemos venido hasta aquí para madrugar y todo. Así que, Ciclao con su elegante toalla de playa y yo con mi mantel reconvertido en sábana, nos fuimos a dormir, que al día siguiente empezaba la acción.
La cama de Ciclao, genio y figura.
15 de octubre de 2010. Viernes. Y, cuando parecía que nunca iba a llegar, asistimos a nuestra primera clase en la Universidad de Coimbra: Lengua Portuguesa II. Llegamos con algo de retraso. Entre que era pronto, que no encuentras el aula, que no sé qué, que no sé cuánto... llegas un poco tarde. Pero todo eso es comprensible. Bueno, pues el caso es que la clase no era exactamente lo que había pensado, pero aún así espero que me ayude entenderles un poco mejor. Y me explico, yo me esperaba a una profesora bilingüe portugués-español que te diera las clases en español o portuñol (potugués + español) y, sobretodo, vocabulario, porque la forma de construir las frases es prácticamente la misma que en español. Pero no, es una profesora portuguesa que habla en portugués y te da gramáticas (que son como en español), conjugaciones (eso sí lo veo más útil) y el vocabulario va un poco por temas. Cuando habla de un tema (por ejemplo, ha hablado hoy de los toros), pues te va diciendo palabras. Pero claro, todo esto en portugués. Así que nada, habrá que prestar más atención, qué remedio.
Aquí la verdad es que tengo la sensación de que ellos nos entienden mejor a nosotros que nosotros a ellos. El portugués es un idioma más cerrado, donde se vocaliza menos. En cambio, en el español las palabras son más abiertas y vocalizamos más, sobretodo cuando hablas más despacio para que te entiendan. Bueno, si por lo menos nos hacemos entender está bien, aunque a nosotros el mensaje nos llegue un poco distorsionado.
Por la tarde nos fuimos a nuestro campus, llamado, como os dije, Polo II. Y asistí a mi primera clase de Informática: Teorías da Computaçäo. Clase teórico-práctica donde el profesor estuvo todo el tiempo resolviendo algunos problemas de una de las hojas de ejercicios de las que luego nos tendremos que examinar. Para la gente de la URJC, os diré que la asignatura es una mezcla de la parte de gramáticas de BLP más otra parte de Autómatas, así a groso modo. Os lo cuento por curiosidad, por si os había entrado. Y, sino, pues se siente, ya lo habéis leído. También deciros que Ciclao fue para el campus, pero eso no quiere decir que fuera a clase.
Bueno, y después de un día de clases, al menos, distinto a lo que estaba acostumbrado (por eso de que te den las clases en portugués), nos fuimos al Dolce Vita. Teníamos que hacer alguna que otra gestión y comprarnos un edredón y, lo más importante, contratar Internet. Pero nos pidieron un maldito número de contribuyente del que nunca me habían hablado que, por lo visto, es necesario para firmar cualquier contrato aquí en Portugal. Así que nuestro gozo en un pozo. Eso sí, nuestro edredón lo conseguimos.
Volvimos del Dolce Vita algo cargados y con ganas de hacernos los héroes. Dijimos: "¿Para qué vamos a coger el autobús si podemos ir andando? Así nos ahorramos un viaje". Craso error. Cuestas y más distancia a casa de la que estábamos acostumbrados hasta la residencia. Aún así, como hombres, como estúpidos valientes, llegamos a casa. Muertos, eso sí. Pero llegamos.
Y tirados en el sofá, viendo la TV (estaban poniendo Pressing Catch Smack Down) decidí que estaba harto de no haber podido todavía hablar con mis padres por teléfono. Habíamos estado en contacto por correo, eso sí. Pero entre que estuvimos buscando piso, que contratamos con Skype saldo para llamar solo a Portugal y que ahora en casa no teníamos Internet, no había podido hablar con ellos como la ocasión merece. Así que cogí mi móvil español y dije: "Qué demonios". Y hablé un rato con ellos. Lo típico, para decirles que estaba bien, que tenía piso, cómo me iba todo. Es curioso lo que les echo de menos en tan poco tiempo. Al final humanos y sensibles somos todos. En este trayecto de tiempo, Ciclao quedó K.O. en el sofá. Yo me dije "ya que estamos" e hice otra llamada. Llamadas de ésas en las que no te cuentan nada especial ni tú a la otra persona, pero que te dejan con una sonrisa en la boca cuando cuelgas solo por haber podido tener la suerte de hablar con la persona que está al otro lado. Y, después de esto, cansadísimo (y a una hora bastante temprana) y aprovechando que estaba tumbado en la cama, me quedé dormido.
Para los que dudáis a estas alturas, Ciclao se despertó a alguna hora, no sabría decir cuál. Se vistió y se fue de fiesta con amigos fiesteros españoles de ésos que todos sabíamos que iba a hacer. Sé que muchos no dudábais de esto, pero solo por aclararlo.
16 de octubre de 2010. Sábado. Desperté y me vestí para ir a la Loja do Ciudadäo para conseguir el asqueroso número de contribuyente y así poder contratar Internet. Y desperté a Ciclao, aún sin saber si había salido de fiesta o no. Enseguida me aclaró eso, pero bueno, ya que estaba despierto, no veía por qué no podía acompañarme. Así que allá nos dirigimos.
Tú vas para allá pensando que te lo darán en el momento y por la tarde ya podrás ir a contratar Internet. Pero la realidad es distinta a todo ese mundo utópico. En verdad te dicen que tardarán una semana, que ya te llamarán al móvil cuando lo tengan y que tu Internet tendrá que seguir siendo mendigado en la Universidad o en el MC Donald's. Fantástico.
Nos fuimos para casa, pero de camino pasamos por una magníficos chinos (sí, aquí también hay). Compré lo necesario para colgar las cosas en mi habitación sin necesidad de hacer agujeros (ahora solo necesito algo de tiempo para hacerlo), sábanas a juego con nuestros edredones y alguna cosilla más. Ya sabéis, una grapadora, celo y... una bata. ¡¡¡Síiii!!! Me compré una bata para estar por casa, algo que siempre he querido tener. Es la diferencia entre los señores y el resto. Ya os dije que si hemos venido a aparentar, hay que aparentar hasta el final, ya no vale echarse atrás. Ciclao hace unos días me había apodado como Jota A.K.A. HogarMan (por eso de haberme quedado en casa haciendo cosas en vez de salir en algunos momentos). Después de la compra de mi bata, su alias toma un significado mucho más fuerte y una dimensión más profunda. Si todo depende de tener o no una bata, estoy dispuesto a correr el riesgo.
Después de estas compras sin previo aviso, llegamos a casa, pasamos allí toda la tarde y, por la noche, pues salimos. Botellón en Sé Velha y entrada a un garito. Cubatas, minis, chupitos... Os prometo que si me acordara de como fue la noche os la contaría, pero no va a poder ser. Problemas logísticos que se dicen.
Así empecé la noche: de caza.
17 de octubre de 2010. Domingo. El domingo me desperté a las mil y una. Realmente estuve todo el día así y asá. No hice nada importante ni salí de casa. Así que aprovecharé para contaros algo que me parece curioso de aquí. Resulta que tú llegas a Portugal y piensas que los días de la semana se llamarán igual que en España (y más cuando son culturas parecidas). A ver, me explico, esto es como en inglés, que tienen su traducción pero significan lo mismo. Aquí sí y no. Es decir, significa que es un día de la semana pero la traducción no es lunes, martes, miércoles, jueves y viernes. Sábado y domingo sí, esos dos días se dicen igual. De hecho, se escriben igual que en español. A partir de mañana, lunes, os pondré al principio, entre paréntesis, como se dice en portugués.
Así que, poco más... hasta mañana.
Maricccccccon!! Hogarman es una marca registrada que representa a mi persona. Espero rectificaciones en sucesivas entregas o hablaré con Ruper para que me proporcione un abogado
ResponderEliminarjajajajajajajajaj
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